
CAPITULO 6 |
|
| Comportamiento |
|
La Cannabis a partir de los años sesenta hasta hoy. Evolución de la condición social. Perfil del usuario. Conflictos generados por su uso: “Descubrí que mi hijo fuma”. “El hecho de que podamos oponernos al uso del cáñamo sin oponernos al mismo tiempo al uso del alcohol escapa a mi comprensión.” William Burroughs, 1969 Durante el período de prosperidad de la década del cincuenta e inicios de los sesenta, la religión más difundida fue el consumo de los nuevos objetos de deseo que surgían por todas partes: electrodomésticos, automóviles, cigarrillos y bebidas alcohólicas parecían generar tanto placer que nada más era necesario acceder a éstos para alcanzar la plenitud y la felicidad. Comprensible, si se piensa que en las décadas anteriores el mundo había sido asolado por dos terribles guerras. Esos pocos años de paz y prosperidad permitieron construir sueños de consumo, expectativas y proyectos de vida basados en esos paradigmas. El sistema parecía tan perfecto que no había motivos para rebelarse, para ser contra. Por lo tanto, casi no había cultura alternativa o contracultura. A partir de los años sesenta el edificio de la normosis comienza a presentar sus primeras rajaduras: el movimiento hippie y el Mayo del 68' en París. El sistema empieza a ser cuestionado al ritmo del rock and roll, de las baladas de los Beatles, entre nubes de humo de Cannabis y millones de dosis de LSD. Los conciertos de rock en la Europa de finales de los años sesenta se parecían más a ceremonias de un extraño ritual que a encuentros para danzar. De hecho, en aquel momento, la “onda” no era bailar, sino, tras ingerir alguna de las dos sustancias mencionadas, bajar la cabeza sacudiéndola al compás de la música que rugía a altísimos decibeles. De todos modos, aún sin consumir nada la actitud era la misma puesto que la cantidad de humo que había en el aire era suficiente como para fumar “pasivamente”. Por ese entonces se decía que mover mucho la cabeza servía para apresurar la disolución de las estructuras obsoletas que nos impedían abrir “las puertas de la percepción”. |
|